EL NEGOCIO DE LA CASONA / Cuento

EL NEGOCIO DE LA CASONA / Cuento

Jarmoluk / Pixabay

La casa ya estaba muy venida a menos. Cien años atrás, había sido una mansión de lujo. Hasta los muebles de esa época estaban ahí todavía. La restauración era urgente aunque sin costos excesivos. La dueña era una anciana de 89 años que toda su vida había hecho muy buenos negocios. El cliente, un cuarentón con visión empresarial que quería restaurarla y recibir turistas que le dejarían mucho dinero. Tras el previsible regateo, llegaron a un acuerdo muy prometedor para ambas partes. El cuarentón se comprometía a pagar cómodas cuotas semestrales hasta que la vendedora muriera, momento en que quedaría saldada la deuda en su totalidad y él sería el dueño indiscutible de la casona.

El comprador contaba con que, en el peor de los casos, pagaría durante cinco años la cuota que al fin de cuentas no era muy alta, y la casa, a la muy probable muerte de la vieja, le saldría casi regalada. Pero diez años más tarde el cincuentón seguía pagando porque la vieja seguía viva y el precio ya había alcanzado la suma comercial del inmueble. Pero no sería por mucho tiempo, pensaba esperanzado el comprador. Y así pasaron otros diez años, o sea veinte desde el día del negocio. El comprador, ya sesentón, había muerto y la vieja seguía viva. Las cláusulas del contrato obligaban a los herederos del muerto a seguir pagando la casa, hasta que la vieja muriera. Al llegar a los ciento diez años recibió la distinción del gobierno a la persona más anciana del país. Poco después murió de arrugas y con una abultada cuenta en el banco.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *